“Si comprender es imposible, conocer es necesario porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo, las nuestras también.
Por ello, meditar sobre lo que pasó es deber de todos” Primo Levi
"60.000 Marcos es lo que nos cuesta este discapacitado a lo largo de su vida. Este dinero es tambien vuestro”.
Este blog quiere ser un medio de información y sensibilización para todos los profesionales de la salud y cualquier persona interesada en los desmanes realizados por médicos y otros profesionales durante la era nazi.
La palabra Porrajmos o Samudaripen, significa la "gran catastrofe" o el "gran devorador" y designa el holocausto sufrido por los gitanos entre 1933-1945 a manos de los nazis. No existen cifras acerca del número de gitanos asesinados por los nazis tanto en fusilamientos masivos a cargo de los Einsatzgrüppen como en los campos de exterminio y cámaras de gas. Se estima que el número de gitanos asesinados estaría en torno a 250-500.000.
Gitanos cautivos en Dachau
Al igual que a los judíos, los gitanos fueron privados de derechos, se les excluyó de la vida social, fueron concentrados en campamentos y gueto y trasladados a campos de exterminio.
Los gitanos (sinti o romá) eran otro de los objetivos predilectos de los nazis. Eran un perjuicio para la raza aria, se le s tenía como "asociales" y por tanto no encajaban en el ideal de raza aria. Había que exterminarlos.
Muchos de ellos fueron objeto de experimentos médicos en el campo de Auschwitz y de estudios raciales y antropológicos.
En los mismos campos o a manos de los mismos verdugos sufrieron el mismo destino: gitanos, judíos, enfermos, discapacitados, niños nacidos con malformaciones o defectos, protestantes, testigos de Jehová, homosexuales, republicanos españoles deportados.
Son muchas las memorias cruzadas que hay que recuperar para que las personas no mueran dos veces: una vez a manos de los verdugos y otra por culpa de la ignorancia.
Gitano sometido a experimentos médicos en el campo de Dachau
Hay muchos países en los que el recuerdo del Holocausto es patente. Noruega es uno de ellos. En dicho país funcionó durante el nazismo un gobierno títere presidido por Vidkum Quisling. El nombre de dicho colaboracionista ha venido a identificar a cualquier colaboracionista.
Precisamente en la mansión que habitaba, Villa Grande, en Oslo (Noruega), se ubica desde 2006 el Museo del Holocausto y de los Genocidios http://www.hlsenteret.no/ .
En posters de propaganda de la época, un soldado del ejército noruego, vestido con uniforme que remeda a los uniformes alemanes; ataca a los enemigos de la nación (bolcheviques, capitalistas representados por símbolos del dólar y de la libra esterlina) y ¿cómo no? judíos.
En la puerta del museo hay una gigantesca escultura que representa una ficha perforada de las que se utilizaban en los comienzos de la informática. ¿Por qué una ficha perforada en un Museo del Holocausto? Las fichas perforadas sirvieron para recopilar datos personales de aquellos individuos a los que se había decidido primero identificar, luego aislar y posteriormente exterminar. El 2 de febrero de 1942 (según consta en el museo) dos días después de que Quisling asumiera el poder se imprimieron y distribuyeron 12.000 copias de un cuestionario para recopilar datos de judíos noruegos. A partir de esta información se produjeron arrestos, deportaciones y asesinatos.
La informática puede ser usada como un medio para obtener y procesar datos de las personas. Esos datos pueden ser usados inadecuadamente y comprometer los derechos humanos.
En el campo de concentración nazi de Dachau se realizaron entre 1942-1943 una serie de investigaciones con el fin de obtener información útil para la Luftwafe (Ejército del Aire Alemán). En estos experimentos se simulaban condiciones atmosféricas extremas tanto de elevada altitud como de exposición al agua helada. Los prisioneros eran introducidos en cámaras de baja presión para cuantificar el tiempo que tardaban en fallecer o los síntomas que presentaban al modificar la presión.
Otro experimento consistía en introducir a las personas desnudas en agua helada para calcular el tiempo que tardaban en dejar de respirar o los mejores métodos de recalentamiento. El objetivo de estas acciones, llevadas a cabo por Sigmünd Räscher, era conocer los mejores métodos para tratar a los aviadores alemanes que eran derribados por los aliados y caían en zonas muy frías. Posteriormente se estudiaban las diferentes modalidades de recalentamiento que iban desde la inmersión en agua hirviendo al calentamiento utilizando otras personas como fuente de calor. El riesgo de morir en el experimento no suponía ningún impedimento.
Durante años se consideró que independientemente de las condiciones no éticas en que se realizaron (violencia, no voluntariedad del individuo) pudieran ser de utilidad sus resultados. Estudios ulteriores demostraron la falta de rigor metodológico en las investigaciones, la falsedad de los resultados y la posible falta de cualificación del mismo Räscher, al cual parecía interesarle demostrar a cualquier precio a sus superiores su valía científica en un intento de mejorar sus aspiraciones dentro del régimen nazi. Al nulo valor médico de los resultados se unen las condiciones en que se realizaron los mismos (Berger RL. Nazi science-the Dachau hypothermia experiments. N. Eng. J. Med 1990; 322: 1435-1440).
En 1990, la revista médica más prestigiosa del mundo, New England Journal of Medicine, (Angell M. The Nazi Hypothermia Experiments and Unethical Research Today. N. Eng. J. Med. 1990; 322: 1462-1464) decidió no publicar los resultados de ninguna investigación no ética independiente del valor científico de la misma. Se basa en tres razones:
1. El investigador lo que quiere es que sus resultados sean conocidos. Si no se publican los resultados por no ser éticos, se desanimará a otros a realizar investigaciones no éticas.
2. Si se toleran pequeñas transgresiones éticas se puede llegar a tolerar otras mayores.
3. Demostrar a la sociedad, que en la ciencia no está todo permitido, y que la obtención del conocimiento no ha de serlo a cualquier precio.
Se incorpora a la relación de recursos un acceso a una página web http://www.memorial-museums.net/ que contiene información de todos los lugares del mundo donde existen memoriales que muestran los crímenes realizados en la era nazi, para recuerdo y honra a las víctimas.
La base de datos está organizada por continente y país. La iniciativa partió de la Fundación Internacional de la Topografía del Terror.
La exposición Topografía del Terror está ubicada en Berlín en las cercanías de la Plaza de Postdam. Allí se encontraban las oficinas de la Gestapo (Prinz Albert-Strasse 8) y fue dónde se planificaron muchas de las acciones de exterminio.
En el momento actual unicamente se pueden observar restos de algunas dependencias como mazmorras y visitar una exposición al aire libre con fotografías y documentos expuestos. Está prevista la construcción en ese terreno de un gran centro de documentación.
Los médicos utilizamos muchos los epónimos. Un epónimo es un nombre propio de un médico que fue quién describió o descubrió una enfermedad. Un ejemplo conocido por todos es la enfermedad de Alzheimer. Al decir Alzheimer todos los médicos se entienden. Con el uso de un epónimo los médicos honramos a diario a su descubridor.
El lenguaje médico esta lleno de epónimos. Es más cómodo decir síndrome de ...., que describir la enfermedad entera. El problema es que ya se conoce el origen de muchas enfermedades y algunas descripciones pueden haber quedado obsoletas por haber sido descritas hace muchos años. Por el contrario puede utilizarse el mismo nombre para diferentes procesos. También y lo más importantes es asistir al posible grado de despersonalización al usar los epónimos. Los pacientes dejan de tener nombre y nos referimos a ellos como: "es un síndrome de ...". Hay que tener en cuenta que cada enfermedad en cada persona es única en los aspectos no sólo biológicos, sino sociales, biográficos, familiares, psicológicos.
Hay una corriente de opinión que pide la retirada de todos los epónimos, o mantener los imprescindibles y no obsoletos, abogando por no olvidar los aspectos de la relación médico-paciente. Habría que pasar del "es un síndrome de ..." a "es una paciente, que se llama ...., y diagnosticado de un "síndrome de ...".
Un aspecto desconocido puede ser la existencia de epónimos que honran a médicos que no tuvieron ningún comportamiento ético con los pacientes en la epóca nazi. Los ejemplos más conocidos son los de Reiter, Hallervorden y Wegener, pero hay muchos más. Otros epónimos pertenecen a médicos que sufrieron persecución, o fueron asesinados por su condición o religión. Afortunadamente otros médicos mantuvieron las esencias éticas de la profesión.
¿Hay que seguir honrando a diario a aquellos que no se distinguieron en el trato que todo médico ha de dar a un paciente? La respuesta queda en el lector.
Al finalizar la II Guerra Mundial las potencias vencedoras juzgaron en la ciudad de Nuremberg a los dirigenes nazis que fue posible capturar. Entre ellos estaban Rudolf Hess, y Herman Goéring. Probablemente sea menos conocido que hubo otros juicios contra diferentes personas incriminadas en la masacre. El siguiente juicio tras el de los jerarcas nazis se conoce como el juicio contra los médicos. Fueron juzgados veinte médicos y tres auxiliares por: conspiración, crímenes de guerra, crímenes contra la Humanidad (asesinatos, brutalidades, vejaciones, torturas, atrocidades) y pertenencia a una organización delictiva (las SS). Recientemente se ha traducido al castellano, el libro de Vivien Spitz, Doctors from Hell (Vivien Spitz actuó como taquigrafa en dichos juicios). La obra contiene un resumen de las trascripciones de las declaraciones de acusados y testigos. Se describen los experimentos llevados a cabo sobre prisioneros de guerra, judíos, eslavos, y enfermos aquejados de enfermedades avanzadas. Estos experimentos incluyeron exposición a elevada altitud, e inmersión en agua helada hasta que la persona fallecía, o se le reanimaba. El objetivo de estas acciones, llevadas a cabo por Sigmünd Räscher en Dachau, era conocer los mejores métodos para tratar a los aviadores alemanes que eran derribados por los aliados y caían en zonas frías. La relación de otros experimentos es aterradora: inoculación de venenos, tóxicos, gas mostaza, bacilos del tifus, malaria, suero de pacientes de hepatitis, fueron obligados a beber agua salada, se les provocaron heridas que eran infectadas con tierra, trozos de madera o cristal para reproducir las heridas de guerra. Se realizaron amputaciones y secciones de huesos y tendones, experimentos con antibióticos y fármacos coagulantes. Se esterilizó a miles de personas, y se acabó con la vida de enfermos, discapacitados, y portadores de defectos congénitos. Algunos de los esqueletos y los cerebros eran conservados para estudios posteriores. El juicio se saldó con diferentes condenas: sentencia de muerte para cuatro médicos y tres colaboradores, cadena perpetua para cinco imputados y prisión para otros cuatro. Siete acusados fueron declarados inocentes y puestos en libertad. Es llamativo como hubo tan pocos acusados y condenas tan limitadas cuando hay pruebas de la participación activa e incluso entusiasta de muchos profesionales médicos en las atrocidades de la época nazi. Se ha sugerido la existencia de una verdadera conspiración de silencio por parte de la Medicina en la Alemania de la postguerra. Llama la atención en los interrogatorios el absoluto desprecio de los médicos nazis sobre la vida humana. En su alegato final Karl Brandt, médico personal de Hitler y artífice de la T4 Aktion, dice: “Es irrelevante si el experimento se hace con el consentimiento o en contra de la voluntad de la persona interesada (…) La intención es el móvil: la lealtad hacia la comunidad (…) La ética en todas sus formas la decide un orden o la sujeción a una autoridad”. Posteriormente al juicio de los médicos hubo otros: contra juristas, industriales, funcionarios, directivos de empresas químicas como I.G. Farben, y en de los Einsatzgruppen, entre otros. Los Einsatzgruppen eran escuadrones móviles de soldados y policías nazis que llevaron a cabo fusilamientos masivos de judíos en la Europa del Este. Son responsables de la así llamada "Shoah por balas". Probablemente la nueva Bioética tal como la conocemos actualmente nazca de este juicio de Nüremberg contra los médicos y de la Declaración de Helsinki y Convenio de Oviedo.
Vivien Spitz. Doctores del Infierno. Un cruel relato de los experimentos que los nazis practicaron con humanos. Tempus Editorial. Barcelona 2009. 349 p. Ilustrado con fotos originales. Traducido por Victoria Horrillo. 25 €
Entre 1933 y 1945 en la Alemania Nazi, algunos médicos y otros profesionales de la salud participaron en la esterilización y asesinato de pacientes portadores de enfermedades genéticas y mentales, de niños con malformaciones, en experimentos científicos realizados sin consentimiento y en el exterminio de otras personas en función de su condición religiosa, política, cultural o de identidad (opositores, judíos, gitanos, y homosexuales...).
En el momento actual siguen vigentes en la asistencia diaria de los pacientes los mismos aspectos éticos (límites de la investigación, decisiones al principio y final de la vida, relación del médico con el estado, investigación genética). Conocer este período oscuro de la medicina es necesario para evitar errores que avergüenzan a la humanidad en general y a los médicos en particular.